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El respaldo internacional detrás del legado de la Comisión de la Verdad

Hace cuatro años, el país recibió el Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad como una invitación ética y política a escuchar lo que durante décadas permaneció silenciado.

Por: Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para la Paz en Colombia

Más allá de ser un ejercicio de reconstrucción histórica, el Informe abrió una conversación nacional sobre las causas profundas del conflicto armado, sus impactos diferenciados y la necesidad de transformar las condiciones que permitieron la violencia para que no haya repetición.

Mirando en retrospectiva, uno de los principales legados de la Comisión ha sido haber situado a las víctimas en el centro de la conversación pública. El reconocimiento de sus voces, memorias y experiencias permitió ampliar la comprensión del conflicto más allá de las cifras, mostrando cómo la guerra afectó de manera distinta a mujeres, pueblos étnicos, campesinos, niños, niñas, adolescentes y comunidades históricamente excluidas. Ese esfuerzo no solo produjo un informe; dejó capacidades instaladas en los territorios, metodologías, redes de trabajo y una pedagogía de paz que hoy sigue viva en organizaciones sociales, instituciones, universidades, colectivos culturales y procesos comunitarios.

Con esta línea de tiempo podrá conocer los grandes hitos de diálogo social. Encontrará las voces de las personas que participaron en los espacios de escucha, mediante fotografías, mapas, animaciones, pódcast, videos y recursos adicionales.

En este camino, el apoyo del Fondo de Consolidación de la Paz (PBF) y del Fondo Multidonante de Naciones Unidas para la Paz, fue determinante para acompañar el ciclo completo de trabajo de la Comisión: desde su alistamiento institucional y despliegue territorial hasta la entrega del Informe Final y las acciones de apropiación social y sostenibilidad de su legado. A través de distintas estrategias implementadas junto a entidades del Sistema Integral, agencias de Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil, fortalecieron las capacidades de participación de miles de víctimas y comunidades en los territorios más afectados por el conflicto.

El respaldo permitió, entre otros aspectos, la puesta en marcha de las Casas de la Verdad, el fortalecimiento de enfoques de género, étnico y territorial en la construcción del informe, la puesta en marcha de la transmedia que recoge toda la información recolectada en el informe, la construcción de metodologías participativas, el desarrollo de herramientas de gestión del conocimiento y el acompañamiento psicosocial a víctimas. Asimismo, se impulsaron iniciativas de decenas de organizaciones sociales y comunitarias que brindaron insumos directos al Informe, actuaron como puente entre la Comisión y las comunidades, generando confianza, facilitando espacios de escucha y promoviendo procesos de memoria y pedagogía para la paz en regiones históricamente excluidas.

Uno de los mayores aprendizajes de estos cuatro años es que la verdad no se sostiene únicamente desde las instituciones; requiere apropiación social. Por eso, el apoyo a estrategias pedagógicas, expresiones artísticas, procesos de comunicación comunitaria y redes territoriales ha sido fundamental para mantener vigente el legado de la Comisión. Iniciativas desarrolladas por organizaciones sociales han permitido que las recomendaciones del Informe sigan dialogando con nuevas generaciones y con sectores que tradicionalmente estuvieron alejados de estas discusiones.

En 2026, muchos de los mensajes del Informe continúan teniendo plena vigencia. El primero es que la paz no puede entenderse únicamente como el silenciamiento de las armas, sino como la construcción de condiciones de dignidad, inclusión y democracia. El segundo es que reconocer la verdad sigue siendo indispensable para prevenir la repetición de la violencia. Y el tercero es que la implementación de las recomendaciones requiere voluntad colectiva y articulación sostenida entre Estado, sociedad civil, cooperación internacional y comunidades.

Hoy, cuando persisten desafíos relacionados con violencias territoriales, polarización y desconfianza institucional, el legado de la Comisión recuerda que escuchar al otro sigue siendo una condición necesaria para construir futuro. También demuestra que los procesos de verdad y memoria necesitan continuidad, sostenibilidad y presencia territorial

Esta publicación se realizó con base en el registro del evento de cierre de la Comisión de la Verdad con la comunidad internaciona realizado el 8 y 9 de agosto de 2022.

En ese sentido, el trabajo impulsado por ambos Fondos (PBF y MPTF) durante estos años representa una apuesta concreta por consolidar capacidades locales, fortalecer el tejido social y acompañar procesos de incidencia orientados al cumplimiento de las recomendaciones para la no repetición. Más que apoyar proyectos aislados, el apoyo de los Fondos contribuyó a crear condiciones para que la verdad permanezca, incidiendo incluso en la efectiva inclusión de las recomendaciones del informe de la CEV en las entidades del Estado y entidades locales, posicionando así la verdad como un bien público al servicio de la reconciliación y la construcción de paz en Colombia.

El Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para la Paz en Colombia es un mecanismo tripartito integrado por el Gobierno de Colombia, las Naciones Unidas y la cooperación internacional, con participación de la sociedad civil, creado para apoyar la implementación del Acuerdo Final de Paz de 2016. Gracias al aporte de 15 países, entre ellos Noruega, Reino Unido, Alemania, Canadá y Suecia, el Fondo ha impulsado iniciativas orientadas al fortalecimiento institucional, la paz territorial, la participación de las víctimas y las garantías de no repetición.

A la fecha, el Fondo ha destinado US$10,3 millones —a través de cuatro proyectos de Naciones Unidas y dos convocatorias de sociedad civil— para apoyar la creación, despliegue y fortalecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la implementación de las recomendaciones de su Informe Final, de los cuales el Fondo de Consolidación de la Paz (PBF) ha aportado US$6,3 millones. Adicionalmente, se destinaron US$7,5 millones a un proyecto y dos convocatorias orientadas al fortalecimiento del Sistema Integral para la Paz en su conjunto.

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