Actualizado:

¿Qué tiene que ver un posible apagón con la guerra y la paz?

Las alertas sobre una posible intensificación del fenómeno de El Niño, el riesgo de sequías y la eventual necesidad de nuevos racionamientos de agua han vuelto a ocupar un lugar central en la agenda pública. ¿Cómo llegamos hasta aquí? La Comisión de la Verdad exploró esta respuesta halando los hilos de la guerra y la paz.

El cambio climático está convirtiendo el agua en uno de los recursos más estratégicos del planeta. Las sequías prolongadas, la disminución de las fuentes hídricas y la creciente presión sobre los ecosistemas anuncian que el acceso al agua será uno de los grandes desafíos de este siglo. En Colombia, esa disputa comenzó hace mucho tiempo.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad explora una perspectiva que rara vez aparece en este debate. La guerra no solo dejó millones de víctimas humanas. También transformó profundamente la naturaleza. El conflicto armado fue, en buena medida, una disputa por el control del territorio y de los bienes que hacen posible la vida: la tierra, los bosques, los ríos, las ciénagas y, en últimas, el agua.

Quienes defienden un bosque, una cuenca, un humedal o un río suelen enfrentarse a los mismos intereses que disputan el control del territorio

Por eso, una de las contribuciones del Informe fue ampliar la comprensión de quiénes fueron las víctimas de la guerra. No solo las personas y las comunidades sufrieron sus impactos. También los ecosistemas fueron objeto de ocupación, destrucción y explotación. La naturaleza dejó de ser el escenario donde ocurría la guerra para convertirse en uno de sus principales blancos.

Los ríos son quizás la expresión más dolorosa de esa verdad. Durante décadas fueron utilizados para ocultar cuerpos, sembrar terror y romper los vínculos de las comunidades con sus territorios. La Comisión mostró que estas corrientes de agua guardan una memoria del conflicto que todavía no termina de ser escuchada. Para muchos pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos, el río dejó de ser únicamente una fuente de alimento o de transporte; también se convirtió en un lugar de duelo y de resistencia.

Ilustración Mohan en la selva

Algo similar ocurrió con las ciénagas. En distintas regiones del país, grandes complejos cenagosos fueron desecados, cercados o apropiados mediante el desvío de caños y la alteración de sus dinámicas naturales. Detrás de esas transformaciones hubo intereses económicos, procesos de despojo y, con frecuencia, la acción o la protección de actores armados. La apropiación de las ciénagas no solo destruyó ecosistemas estratégicos; también expulsó comunidades pesqueras, modificó economías locales y concentró aún más el acceso a un bien común indispensable para la vida.

La historia de los bosques tampoco puede separarse de la historia del conflicto. Durante los primeros años posteriores a la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, la deforestación disminuyó de manera significativa en varias zonas del país. Fue una evidencia de que la reducción de la confrontación armada podía traducirse también en una recuperación ambiental. Sin embargo, ese avance resultó frágil. La ausencia de una presencia integral del Estado, el acaparamiento de tierras, la expansión de economías ilegales y la disputa por el control de antiguos territorios de guerra hicieron que la deforestación volviera a incrementarse. Cada hectárea de bosque perdida reduce la capacidad de los ecosistemas para regular el clima, proteger las cuencas y garantizar el agua de la que dependen millones de personas.

No es casual que Colombia continúe siendo uno de los países donde más asesinan líderes ambientales. Quienes defienden un bosque, una cuenca, un humedal o un río suelen enfrentarse a los mismos intereses que disputan el control del territorio. La defensa del ambiente y la defensa de los derechos humanos son, en nuestro país, dos caras de una misma lucha.

La disponibilidad de agua depende tanto de las lluvias como de las decisiones que una sociedad toma sobre sus bosques, sus ríos, sus humedales y sus territorios.

Todo esto adquiere una nueva dimensión en el contexto actual. Por eso, proteger las fuentes hídricas no es únicamente una política ambiental. Es una política de paz y también una política de equidad. Allí donde unas pocas personas concentran el acceso a la tierra, a los bosques, a las ciénagas o al agua, también se concentran las oportunidades económicas, el poder político y la capacidad de decidir sobre la vida de otros. Garantizar el acceso y la protección de estos bienes comunes es una condición para reducir las desigualdades que históricamente han alimentado la violencia.

Las recomendaciones de la Comisión de la Verdad apuntan precisamente en esa dirección. Proteger a los líderes ambientales, detener la deforestación, fortalecer el ordenamiento territorial, reconocer el papel de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos en el cuidado de los ecosistemas y comprender que la paz también depende de la restauración de la naturaleza y que no es un asunto secundario. Estos puntos constituyen una hoja de ruta para enfrentar los desafíos ambientales que hoy se hacen cada vez más evidentes.

Cuando se anuncian posibles racionamientos de agua solemos pensar que estamos frente a un problema climático, lo cual es cierto. Pero también estamos frente a un problema político, histórico y ético. La disponibilidad de agua depende tanto de las lluvias como de las decisiones que una sociedad toma sobre sus bosques, sus ríos, sus humedales y sus territorios.

Durante décadas creímos que la principal disputa era por la tierra. El siglo XXI nos está mostrando que la disputa decisiva será por el agua. La manera como resolvamos esa tensión definirá no solo nuestra capacidad para enfrentar el cambio climático, sino también la posibilidad de construir una paz duradera y una sociedad más justa. Porque el agua no es únicamente un recurso natural: es el bien común sobre el que descansa la vida, la democracia y el futuro del país.


Etiquetas: ,
Suscríbete al boletín
✕ - Cerrar

Un espacio para reflexionar sobre los contenidos de la Comisión de la Verdad y su relevancia en las discusiones de hoy.

* indica que es obligatorio
(opcional)
(opcional)