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Chocó: ¿Qué significa reconstruir?

El terremoto que golpeó al Chocó volvió a poner los ojos del país sobre un departamento que vive en medio de la guerra, la pobreza y los desastres naturales. Esta emergencia debe ser la oportunidad para saldar deudas históricas con ese territorio y sus comunidades.

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Hay territorios que Colombia parece descubrir cada vez que ocurre una tragedia. Lugares remotos para buena parte del país, cuyos nombres irrumpen en las noticias cuando una masacre, un desplazamiento, una inundación o un terremoto nos obliga a mirar hacia ellos. El Chocó es uno de esos territorios. También lo son el Atrato, el Baudó, el Cacarica y tantas comunidades del Pacífico que hemos conocido a través de las noticias de la guerra, del sufrimiento de sus habitantes y de sus reiterados llamados de auxilio.

Reconstruir sobre la desigualdad significa perpetuar la vulnerabilidad; transformar esas condiciones es una obligación pública que no puede aplazarse hasta que desaparezca la atención mediática.

Los vemos, nos conmueven sus dolores, escuchamos promesas de atención y reconstrucción, pero con frecuencia volvemos a olvidarlos cuando la tragedia deja de ocupar los titulares. Y, sin embargo, allí hay historias, culturas, conocimientos, formas de organización y experiencias de resistencia que dicen mucho más sobre Colombia que las tragedias por las que hemos aprendido a reconocerlos.

Los hallazgos de la Comisión de la Verdad nos recuerdan que el Chocó es mucho más que un departamento afectado por la pobreza y las dificultades de acceso a los servicios públicos. Es un territorio de extraordinaria riqueza natural y cultural, donde los pueblos negros y afrocolombianos han construido formas propias de habitar, cuidar y comprender el mundo.

Sin embargo, esa riqueza ha coexistido con una historia prolongada de exclusión, racismo y despojo. La abundancia de sus bosques, aguas y recursos naturales no se ha traducido en condiciones dignas de vida para muchas de las comunidades que los han preservado.

La Comisión documentó cómo las violencias históricas, arraigadas en la herencia colonial y el racismo estructural, se profundizaron durante el conflicto armado.

El Bajo Atrato y la costa Pacífica chocoana fueron escenarios de disputas por el control territorial y de economías legales e ilegales. Las comunidades sufrieron desplazamientos, confinamientos, asesinatos, amenazas y despojos.

Sus líderes y lideresas fueron perseguidos por defender sus territorios; sus organizaciones, debilitadas; y sus formas de gobierno propio, amenazadas por actores armados que pretendieron imponer sus órdenes y controlar la vida comunitaria.

Esta verdad debe estar presente en los planes de reconstrucción. No basta con levantar las viviendas destruidas, reparar las vías o ejecutar inversiones. Todo ello es necesario, pero será insuficiente si las intervenciones no mejoran las condiciones de vida, no protegen los ecosistemas y no reconocen los derechos de las comunidades.

Las recomendaciones de la Comisión de la Verdad ofrecen orientaciones concretas. Entre ellas están la protección de los territorios colectivos, el fortalecimiento de la autonomía de las comunidades negras, la reglamentación integral de la Ley 70 de 1993 y la garantía de los derechos territoriales.

También insiste en una reparación colectiva, integral y transformadora, que no se limite a compensaciones económicas, sino que contribuya al ejercicio efectivo de los derechos y a la superación de las condiciones que hicieron posible la victimización.

Las comunidades negras han defendido su libertad, su dignidad y sus territorios durante siglos; han creado organizaciones, protegido sus formas de vida y construido propuestas de paz incluso en medio de la guerra. La Comisión reconoce estas experiencias como aportes fundamentales a la sociedad colombiana.

Atender estas recomendaciones significa entonces reconocer esas capacidades del pueblo chocoano; a los consejos comunitarios, las organizaciones sociales y las autoridades étnicas como protagonistas de la reconstrucción.

No basta con informarles sobre decisiones ya tomadas o convocarlos para validar proyectos definidos desde fuera. Es necesario garantizar su participación efectiva en las decisiones, incorporar sus conocimientos y respetar sus formas propias de organización.

También debe abordar las necesidades que anteceden a la emergencia: el acceso efectivo a la salud, la educación, el agua potable, el saneamiento básico, la vivienda digna y las oportunidades económicas. Reconstruir sobre la desigualdad significa perpetuar la vulnerabilidad; transformar esas condiciones es una obligación pública que no puede aplazarse hasta que desaparezca la atención mediática.

Reconstruir el Chocó no es volver a lo que había antes del terremoto. Significa construir un territorio en el que la riqueza natural y cultural se traduzca en bienestar; en el que defender la tierra no ponga en riesgo la vida; en el que las comunidades negras ejerzan plenamente sus derechos y en el que el Estado esté presente no solo cuando ocurre una tragedia, sino en la garantía cotidiana de la dignidad.

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